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Dibujo y Arquitectura

 

Federico García Lorca
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Federico García Lorca

Fue en Granada, en su Granada1, donde Federico García Lorca expuso en 1925 una pequeña colección de dibujos personales, íntimos, en los que el autor desdoblaba su atenazada personalidad. A través de una línea ingenua, rozando un infantilismo forzado, lograba transmitir lo que había visto y oído no sabía cuándo, en su niñez granadina2.
Unos dibujos a primera vista frescos, de patio de colegio, que se sumergen en el color buscando la profundidad robada por su trazado original. Dibujos que nos acercan a sus dominios nazaríes, bañados en toreo y vodevil, que definen sus interpretaciones de barraca. Tratan de viajar más allá del margen del papel escrito, buscan un sitio en solitario, pese a la resistencia de su autor, empeñado en mostrarlos siempre en compañía, sin establecer diferencias.

Estos dibujos se ven impregnados de las mismas constantes que sus hermanos mayores, aludiendo reiteradamente a la cultura popular a través de un paño de tristeza, añoranza y ambigüedad que mantiene sus obras en un constante punto de tensión, intentando liberarse de esa losa que al final le impidió volver a su fuente. A ser lo que siempre quiso, tierra y flores3. Así, a través de la ilustración, García Lorca consigue reforzar esa atmósfera idónea, rítmica, que viste de surrealismo y metáfora cada una de sus composiciones.

Pocas veces volvieron a exponerse sus dibujos como esa primavera de 1925, colgados con alfileres de las cortinas del salón de un vecino de Fuente Vaqueros. Muchos de ellos se perdieron, quizás por ese desapego casi vergonzante del autor hacia su producción pictórica que le hacía sentir desleal a su compañera inseparable y fiel, la poesía4. Lástima que aún no hubiesen sonado las maracas de Machín5, que me permiten imaginar un último dibujo.
Un olivo.
Verde.
En Granada, su Granada.

Jorge Rodríguez Seoane

Notas:
[1] Inolvidables versos de Antonio Machado a Federico García Lorca en su homenaje
El crimen fue en Granada que forma parte de su libro La guerra escrito en 1937.
[2] “Lorca, cuando cogía unos lapicillos de colores o la misma pluma con la que escribía sus poemas, seguía teniendo una frescura de fontana, una gracia como de juego en la calle, de sonrisa de patio, de gallo de veleta, de todo aquello que había visto -u oído- no sabía cuándo con los ojos de su niñez granadina.” Rafael Alberti
[3] “En este pueblo tuve mi primer ensueño de lejanía. En este pueblo yo seré tierra y flores.” Federico García Lorca
[4] “Poesía, compañera oficial, inseparable y fiel. Pero la pintura es la secreta amante, por la que fatalmente se siente atraído.” Gregorio Prieto, pintor, al hilo de la faceta pictórica de García Lorca.
[5] Antonio Machín y sus inseparables maracas, nos enseñaron, al son de un bolero, cómo se puede querer a dos mujeres a la vez, y no estar loco.

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