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	<title>Líneas de Trabajo &#187; Sverre Fehn</title>
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	<description>Dibujo y Arquitectura</description>
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		<title>Sverre Fehn. Desde el dibujo</title>
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		<pubDate>Fri, 05 Apr 2013 12:10:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Líneas de Acción]]></category>
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		<description><![CDATA[Todo tiene un final. El pasado 15 de marzo, tras unos cuantos años trabajando sobre Sverre Fehn, sus dibujos, su pensamiento y los vínculos que estableció con otros arquitectos a lo largo de sus más de ochenta años de vida, leí la tesis doctoral Sverre Fehn. Desde el dibujo. Mucho que agradecer a mucha gente,<br/><br/><h8><a href="http://lineasdetrabajo.com/sverre-fehn-desde-el-dibujo">Read the Rest...</a></h8>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Todo tiene un final. El pasado 15 de marzo, tras unos cuantos años trabajando sobre Sverre Fehn, sus dibujos, su pensamiento y los vínculos que estableció con otros arquitectos a lo largo de sus más de ochenta años de vida, leí la tesis doctoral <em>Sverre Fehn. Desde el dibujo</em>.</p>
<p>Mucho que agradecer a mucha gente, tanto en España como en Noruega, sin la que no habría sido posible llegar al final de este camino. Aunque me gusta pensar que, en realidad, no ha sido más que el inicio de otro mucho más largo.</p>

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<a href='http://lineasdetrabajo.com/sverre-fehn-desde-el-dibujo/07-6' title='07'><img width="150" height="150" src="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2013/04/07-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail" alt="07" title="07" /></a>
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<a href='http://lineasdetrabajo.com/sverre-fehn-desde-el-dibujo/00-3' title='00'><img width="150" height="150" src="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2013/04/00-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail" alt="00" title="00" /></a>

<p>&nbsp;</p>
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		<title>Los cuadernos de Sverre Fehn (II)</title>
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		<pubDate>Thu, 15 Nov 2012 15:25:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Borja López Cotelo]]></category>
		<category><![CDATA[Sverre Fehn]]></category>

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		<description><![CDATA[Una día claro de 1986, al despertar, Sverre Fehn se dio cuenta de que llevaba más de diez años sin construir una sola obra. Quedaban lejos los días de juventud en que parecía llamado a recoger el testigo de los grandes maestros nórdicos, en los que era señalado como esa Gran Esperanza Blanca1 que nunca<br/><br/><h8><a href="http://lineasdetrabajo.com/los-cuadernos-de-sverre-fehn-ii">Read the Rest...</a></h8>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Una día claro de 1986, al despertar, Sverre Fehn se dio cuenta de que llevaba más de diez años sin construir una sola obra. Quedaban lejos los días de juventud en que parecía llamado a recoger el testigo de los grandes maestros nórdicos, en los que era señalado como esa Gran Esperanza Blanca<sup>1</sup> que nunca llegó.</p>
<p>Pensó entonces en lo efímero del reconocimiento, en lo cambiante de las críticas, en la vacuidad de los juicios. Pero esa mañana, Fehn no tenía tiempo que perder: decenas de estudiantes lo esperaban en la Cooper Union. El arquitecto había comprendido tiempo atrás que transmitir sus ideas era el único modo de perpetuarse. En 1971 había comenzado a trabajar como profesor en la AHO (<em>Arkitektur Høgskolen i Oslo</em>) y desde entonces la enseñanza había ocupado gran parte de su tiempo. Era, ante la falta de actividad en el estudio, su gran refugio creativo<sup>2</sup>. Las lecciones impartidas en esa pequeña aula de Sankt Olavs Gate se habían convertido en un fenómeno que había trascendido los límites de la ciudad, y algunos tipos raros incluso atravesaban Europa para escuchar a Fehn<sup>3</sup>.</p>
<p><a href="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/11/ny.-1977.168x207.jpg"><img class="alignnone size-large wp-image-2118" title="ny. 1977.16,8x20,7" src="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/11/ny.-1977.168x207-672x1024.jpg" alt="" width="403" height="614" /></a></p>
<p>A mediados de los ochenta, un amigo llamó a Fehn y le ofreció incorporarse al cuerpo docente de la Cooper Union en Nueva York. No pudo negarse: quien telefoneaba era el decano John Hejduk. Así, durante unos meses, el noruego transmitió su particular modo de entender la arquitectura en esa institución; en sus pizarras garabateo una y otra vez figuras humanas, astros, barcos y horizontes que revelaban fragmentos de una intrincada cosmogonía.</p>
<p>Más tarde, Fehn regresó a Oslo. Y allí, una noche de invierno ártico, comprendió que nada volvería a ser igual. Entonces soñó con <a href="http://www.youtube.com/watch?v=ZWtYS_s_SgU">salir por la ventana de su habitación y volar hasta Nueva York</a>.</p>
<p>Borja López Cotelo</p>
<p><em>Notas:</em><br />
<sup>1</sup>Esta expresión fue utilizada en los primeros años del siglo XX para designar a boxeadores blancos potencialmente capaces de convertirse en campeón mundial de los pesos pesados, título que entre 1908 y 1915 ostentó el púgil negro Jack Johnson.<br />
<sup>2</sup>Así lo denomina Per Olaf Fjeld en <em>Sverre Fehn. The pattern of thought </em>(Nueva York, The Monaceli Press), p. 208<br />
<sup>3</sup>Miralles acudió en alguna ocasión a las clases de Sverre Fehn, como señala Fjeld en <em>Ibid</em>., 185</p>
<p><em>Imagen:</em></p>
<p>Nasjonalmuseet Arkitektur, Oslo</p>
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		<title>Los cuadernos de Sverre Fehn (I)</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Oct 2012 10:56:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Esas mañanas claras de junio disfrazaron la ciudad de Oslo. Cerrando los ojos, dejando que el sol calentase la piel, uno podía creer que se encontraba en Palermo, en Esmirna, quizá incluso en Cádiz o Tánger. Pero al final de la calle había un vestíbulo verde que debíamos atravesar cada día: el discreto Nasjonalmuseet custodiaba<br/><br/><h8><a href="http://lineasdetrabajo.com/los-cuadernos-de-sverre-fehn-i">Read the Rest...</a></h8>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Esas mañanas claras de junio disfrazaron la ciudad de Oslo. Cerrando los ojos, dejando que el sol calentase la piel, uno podía creer que se encontraba en Palermo, en Esmirna, quizá incluso en Cádiz o Tánger. Pero al final de la calle había un vestíbulo verde que debíamos atravesar cada día: el discreto Nasjonalmuseet custodiaba el laberinto de cuadernos en el que Sverre Fehn dejó fragmentos del mapa de su pensamiento. Allí transcurrieron las horas, descifrando cientos de apuntes, miles de dibujos.</p>
<p><a href="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/10/1979.21.297.jpg"><img class="alignnone size-large wp-image-2076" title="1979.21.297" src="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/10/1979.21.297-705x1024.jpg" alt="" width="423" height="614" /></a></p>
<p>Éste es sólo uno de esos bocetos, acaso el más insignificante: lejos de la profundidad metafísica escondida en muchos otros, tal vez no represente más que un deseo.<br />
Uno de esos deseos que sólo tenemos en las tardes de verano.</p>
<p>Sin embargo, a medida que lo observamos, resulta difícil impedir que la imaginación comience su desinhibido juego de asociaciones.<br />
Podemos intuir en esas figuras al hombre dibujado por Le Corbusier como medida de todas las cosas; podemos, entonces, imaginar las tardes pasadas por el Fehn en París, visitando el estudio de la Rue de Sèvres junto a su esposa Ingrid. Podemos seguir mirando atrás y vislumbrar incluso a Picasso o a Cézanne; podemos pensar en la deuda de Jeanneret con el cubismo.<br />
Podemos, por el contrario, reconocer en los hombres esbozados por Fehn la huella de los petroglifos que los primeros normandos tallaron en las rocas; y pensar, inevitablemente, en la capacidad simbólica de cada trazo, en la razón última de cada línea que dibujamos.</p>
<p>Aunque tal vez todo esto no sea más que un delirio.<br />
Uno de esos delirios que sólo tenemos en las primeras tardes de otoño.</p>
<p>Borja López Cotelo</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>El Club de los Paraísos Perdidos</title>
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		<pubDate>Mon, 07 May 2012 09:30:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Caminaba despacio por la calle Dei Greci. Era jueves, y en la atmósfera tranquila de esas últimas horas del día, Venecia parecía otra ciudad. Crucé el puente, me perdí por la abigarrada Riva degli Schiavoni y me senté en el borde de un canal a ver pasar la vida, dejando que mis piernas oscilasen a<br/><br/><h8><a href="http://lineasdetrabajo.com/el-club-de-los-paraisos-perdidos">Read the Rest...</a></h8>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Caminaba despacio por la calle Dei Greci. Era jueves, y en la atmósfera tranquila de esas últimas horas del día, Venecia parecía otra ciudad.<br />
Crucé el puente, me perdí por la abigarrada Riva degli Schiavoni y me senté en el borde de un canal a ver pasar la vida, dejando que mis piernas oscilasen a pocos centímetros del agua. El estucado rojo de las fachadas me pareció entonces voluptuoso, sonoro, y comencé a imaginar noches largas de lujuria y carnaval.</p>
<p><a href="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/04/NS-84a.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-1853" title="NS 84a" src="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/04/NS-84a.jpg" alt="" width="360" height="197" /></a></p>
<p>Pensaba en todas esas cosas cuando me di cuenta de que no estaba sólo; a mi lado, recortada contra la luz lívida de los faroles, distinguí la figura de un viejo en el que hasta ese momento no había reparado:<br />
-Cuando me siento aquí- dijo- recuerdo por qué vuelvo a Venecia una y otra vez.<br />
<em>Esta ciudad tiene unas dimensiones que te siguen, y siempre te da la bienvenida</em>.<sup>1</sup><br />
Escruté su rostro, pero en la penumbra apenas pude distinguir su pelo claro y unos ojos pequeños. Tras unos segundos, balbuceé:<br />
-Desde luego, caballero… ¡Y luego están esas fachadas de un rojo obsceno!<br />
Al rubio le divirtió mi absurda puntualización. Prorrumpió en una carcajada, pasó su brazo sobre mi hombro y sugirió:<br />
-Conozco una <em>trattoria</em> donde preparan el mejor <em>bacalà mantecà </em>de Venecia. No está lejos de aquí.</p>
<p><a href="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/04/NS-84b.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-1854" title="NS 84b" src="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/04/NS-84b.jpg" alt="" width="384" height="241" /></a></p>
<p>Acepté la invitación: ese hombre parecía de fiar y yo tenía un hambre feroz. Al ponernos en pie descubrí su colosal estatura, que me hacía sentir como uno de esos enanos de circo. Mientras caminábamos, comenzó a hablar sobre algunos viajes de juventud, y en sus recuerdos se mezclaron la noche y los astros:<br />
-<em>En Marruecos…la llanura desértica une las aldeas como el mar une las islas </em>-explicó &#8211; <em>la gente abandona los oasis y los pueblos montada en camellos o burros, guiada sólo por las estrellas y el sol</em>.<sup>2</sup><br />
Eso era exactamente lo que me parecía estar haciendo en esa noche de luna: errar por callejuelas de pavimento argentado, sin rumbo fijo ni faros que nos guiasen.<br />
-<em>La historia sucesiva</em>- prosiguió el anciano-, <em>fue la conversación con la noche y sus estrellas</em>.<sup>3</sup><br />
<em>-¿Cuándo comenzó a verse la noche?</em><sup>4</sup>- Respondí, metafísico.<br />
Una nueva carcajada fue la respuesta a mi pregunta retórica:<br />
-Ya hemos llegado- anunció-. Aquí es.</p>
<p><a href="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/04/fehn-camellos.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-1851" title="fehn camellos" src="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/04/fehn-camellos.jpg" alt="" width="388" height="315" /></a></p>
<p>Por más que miré a mi alrededor no vi ninguna señal de un restaurante, ni aún de una taberna. El viejo golpeó con decisión una vetusta puerta de madera, que pronto cedió para dejar a la vista una escalera estrecha, oscura y tétrica; sin volverse, empezó a descender.<br />
No tuve más remedio que seguirle, y unos segundos después descubrí que ni siquiera ese siniestro umbral había prefigurado la escena que iba a contemplar: un tugurio sombrío, iluminado sólo por velas parpadeantes sobre las que flotaba un humo denso de opio y hachís. A izquierda y derecha, una colección de personajes extravagantes se arrellanaban lánguidos sobre sillones tapizados en seda. Entre ellos, como emergido de las tinieblas, un elegante<em> maître </em>avanzó hacia nosotros:<br />
-La mesa está lista –informó-. Don Carlo les espera desde hace tiempo.<br />
Nos guió a continuación hasta una puerta situada en el extremo opuesto de la sala, tras la que descubrimos una estancia extraordinaria: una pequeña cripta sobre cuyos muros -manchados por la humedad de la laguna que, sin duda, nos rodeaba más allá de los sillares- descansaba una bóveda ojival, ¡tal vez estábamos ante la mazmorra de un antiguo<em> palazzo </em>o el último rastro de unas catacumbas!<br />
Y allí, sentado con expresión severa, estaba otro hombre que fijó su mirada en nosotros.<br />
-Buenas noches, Profesor -saludó el viejo, al tiempo que hacía una reverencia casi litúrgica-. Le ruego que disculpe nuestro retraso.<br />
-<em>No hay cultura al norte de los Alpes&#8230;</em><sup>5</sup>- murmuró, contrariado, el comensal.<br />
Era un hombre singular. Su barba rala enmarcaba un rostro afilado que, junto con su nariz aguileña y su pelo gris peinado hacia atrás, le confería un aspecto aristocrático y delicado. Tenía los ojos hundidos, parapetados tras unas gafas redondas y excesivas.<br />
Nos sentamos a la mesa y el <em>maître</em> sirvió <em>Petrus</em> hasta llenar nuestras copas, forjadas con un vidrio azul de Murano. El viejo alzó la suya y exclamó:<br />
-¡Salud!</p>
<p><a href="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/04/NS-204a.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-1855" title="NS 204a" src="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/04/NS-204a.jpg" alt="" width="382" height="307" /></a></p>
<p>Los movimientos pausados de nuestro anfitrión, su cuidadosa manera de posar la copa en la mesa tras cada trago de vino, su mirada señoril y vaga, lo hacían parecer –al menos a mis ojos- la mismísima reencarnación del <em>Dogo Foscari </em><sup>6</sup>.<br />
El viejo, del que ahora sí podía distinguir el rostro, parecía en cambio un hombre mundano, mucho más prosaico. Él fue quien comenzó la conversación.<br />
-Profesor, querría en primer lugar agradecerle que me permita explicar mi proyecto. Hace tiempo que tengo esa aspiración&#8230;han transcurrido ya cincuenta años desde que lo dibujé por primera vez, y aún no sé si Venecia lo habrá aceptado.<br />
El veneciano sonrió con una mezcla de conmiseración y escepticismo, y el rubio comenzó la narración de ese proyecto que yo estaba ansioso por conocer:<br />
-Verá- dijo el viejo-, <em>en Venecia cada árbol es precioso&#8230;y en la parcela había unos cuantos</em>…<sup>7</sup><br />
A continuación, su discurso se volvió confuso. Comenzó a hablar de la luz nórdica, de un mundo sin sombras; gesticulaba frenético, casi desesperado. Ni el anfitrión ni yo entendíamos de qué estaba hablando.<br />
De pronto, su mirada se detuvo en el mantel –confeccionado con un finísimo papel egipcio-, cogió una plumilla y trazó sobre él un dibujo escueto:</p>
<p><a href="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/04/TPOT-27.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-1857" title="TPOT 27" src="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/04/TPOT-27.jpg" alt="" width="361" height="448" /></a></p>
<p>-Nací en <em>el País de las Sombras Largas</em>&#8230;<sup>8</sup> , en esa Ultima Thule desconocida para los meridionales -explicó-. Cuando tuve que hacer el proyecto, yo apenas superaba los treinta años. Venecia me pareció <em>una invención que existe como un contenedor de sueños buscando lo inexplicable &#8230;</em><sup>9</sup> <em>una ciudad que vive en el reflejo mágico de la luz entre los canales de la laguna</em>.<sup>10</sup> Por eso –continuó-, en el lejano 1958, esbocé algo así:</p>
<p><a href="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/04/NS-55.jpg"><img class="alignnone size-large wp-image-1852" title="NS 55" src="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/04/NS-55-1024x855.jpg" alt="" width="368" height="308" /></a></p>
<p>-Éste es el proyecto- resumió-. Una interferencia en la naturaleza que difumina los rayos de este sol mediterráneo para traer a Venecia la luz del Norte.<br />
El anfitrión y yo habíamos enmudecido. La claridad de esos bocetos esenciales había hecho innecesaria cualquier palabra, habían iluminado un discurso ininteligible.<br />
En ese instante, rompiendo el silencio, apareció el <em>maître</em> con una enorme bandeja de cuscús.<br />
- Me he tomado la libertad de cambiar el menú- señaló el Profesor-. El <em>bacalá</em> no sienta bien a estas horas. Ya tengo una edad…<br />
El rubio sonrió y mostró su conformidad; parecía gustarle la idea de experimentar un sabor extraño:<br />
-Al fin y al cabo -reflexionó-, <em>Venecia es la ciudad de los ladrones, la ciudad de los comerciantes. Cualquier posible mercancía pasa a través de esta ciudad</em>.<sup>11</sup></p>
<p><a href="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/04/NS-204b.jpg"><img class="alignnone size-large wp-image-1856" title="NS 204b" src="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/04/NS-204b-1024x702.jpg" alt="" width="368" height="253" /></a></p>
<p>Comimos, y mientras tanto el viejo habló con entusiasmo acerca de Venecia y sus artistas. Aseguró que, cuando miraba los cuadros de Carpaccio, se podía <em>imaginar a sí mismo a través de toda la vida veneciana </em><sup>12</sup>.<br />
El Profesor, mucho menos locuaz, masticaba lentamente la sémola de grano hasta que de pronto, movido por una pulsión interior, apoyó los cubiertos en la mesa, sacó de su bolsillo un lápiz gastado y afirmó:<br />
- <em>Quiero ver las cosas, no me fío más que de esto…por eso dibujo.<br />
Sólo puedo ver las cosas si las dibujo</em>.<sup>13</sup> -Mientras pronunciaba esas palabras, su grafito comenzó a delinear sobre el mantel una imagen minuciosa:</p>
<p><a href="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/04/carlo-scarpa.-hotel-bauer-Ve-1949.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-1847" title="carlo scarpa. hotel bauer, Ve 1949" src="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/04/carlo-scarpa.-hotel-bauer-Ve-1949.jpg" alt="" width="377" height="235" /></a></p>
<p>-Esto es lo que a mí me interesa de Venecia –dijo-. Cómo podrá aceptar el advenimiento de ‘lo nuevo’.<br />
Yo, que hasta ese instante había permanecido cómodo en mi papel de convidado de piedra, me sobresalté cuando el rubio se volvió hacia mí e inquirió:<br />
-¿Y tú, muchacho? ¿Qué podrías contarnos de Venecia?&#8230;<br />
Permanecí en silencio&#8230; ¡Me atemorizaba la idea de hablar frente a esos dos desconocidos!-¿Es la primera vez que visitas la ciudad? –insistió-. ¡Algo podrás contar a estos dos viejos!-<br />
Tras unos segundos de duda, los efectos del humo narcótico que viciaba el aire me empujaron a contar mi historia:<br />
-Crecí en el <em>Fin de la Tierra</em>- comencé-. Allí la tierra se encuentra con el mar como un cuchillo se encuentra con la piel: todo es concreto, absoluto, violento…-<br />
Cogí mi rotulador y, como si de una epidemia iniciada en las manos de esos dos hombres se tratase, comencé a ilustrar mi relato…</p>
<p><a href="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/04/eu-ft.jpg"><img class="alignnone size-large wp-image-1848" title="eu ft" src="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/04/eu-ft-1024x489.jpg" alt="" width="368" height="176" /></a></p>
<p>-La primera vez que vi Venecia –continué- me pareció un espectro que flotaba en la laguna…</p>
<p><a href="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/04/eu-ve-01.jpg"><img class="alignnone size-large wp-image-1849" title="eu ve 01" src="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/04/eu-ve-01-1024x442.jpg" alt="" width="368" height="159" /></a></p>
<p>-Luego comprendí que en realidad es una ilusión, el truco de un prestidigitador, pura superchería: sus islas se apoyan en millones de estacas clavadas en el fango, sobre las que germinó un mundo extravagante de lujo, damasquinados y pan de oro… Me hipnotizan los árboles que asoman sobre sus tapias rojizas… ¿Dónde están sus raíces?&#8230; ¡Tal vez son ellas las que mantienen amarradas las islas al fondo de la Laguna!&#8230; Venecia es, ante todo, un acto de fe… -Concluí.</p>
<p><a href="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/04/eu-ve-02.jpg"><img class="alignnone size-large wp-image-1850" title="eu ve 02" src="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/04/eu-ve-02-1024x517.jpg" alt="" width="368" height="186" /></a></p>
<p>-¡<em>El Fin de la Tierra</em>!- exclamó el rubio mientras reía-, ¿cuántos <em>fines </em>tendrá la Tierra ahora que hemos <em>perdido el horizonte </em><sup>14</sup>? En mi país lo llamamos <em>Verdens Ende </em><sup>15</sup>…<br />
El <em>maître</em> irrumpió de nuevo, trayendo consigo un café de aroma punzante y licores de los cinco continentes.</p>
<p><a href="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/04/TPOT-81.jpg"><img class="alignnone size-large wp-image-1860" title="TPOT 81" src="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/04/TPOT-81-733x1024.jpg" alt="" width="396" height="553" /></a></p>
<p>Bebimos hasta perder la noción del tiempo. El Profesor miraba cada vez con mayor interés un dibujo geométrico que adornaba la bóveda, mientras el viejo y yo discutíamos sobre cuál de los<em> fines de la tierra </em>era más digno de ese nombre.<br />
La densidad del humo crecía al tiempo que, desinhibidos por la embriaguez, celebrábamos nuestra recién nacida amistad y nos profesábamos cumplidos mutuos.<br />
Una música invadió entonces la cripta; oímos unas confusas exclamaciones y, súbitamente, los dos ancianos se levantaron como poseídos por una fuerza superior para precipitarse hacia la sala principal. Me levanté tambaleándome, corrí tras ellos y, más allá de una multitud delirante, creí reconocer sobre el escenario a… ¡Joséphine Baker!<br />
A mi lado, un austrohúngaro de elegancia austera se mesaba su generoso bigote mientras suspiraba:<br />
-¡Ésta sí es una mujer! <em>La Sirena de los Trópicos</em>…</p>
<p><a href="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/04/TPOT-43.jpg"><img class="alignnone size-large wp-image-1859" title="TPOT 43" src="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/04/TPOT-43-826x1024.jpg" alt="" width="397" height="491" /></a></p>
<p>No volví a ver a mis compañeros. En el caos de ese tugurio atestado, el humo y mi borrachera hacían imposible diferenciar una cara de otra.<br />
Sé reconocer el final de una noche de fiesta, y –aunque la muchedumbre todavía bailaba agitada-, para mí ese momento había llegado. Atravesé la sala para ganar la puerta y en mi camino escuché, tumbado sobre un diván, cómo un hombre barbudo con acento catalán divagaba sobre el tiempo y los recuerdos.<br />
Subí las escaleras angostas y en el último peldaño leí ‘<em>Club de los Paraísos Perdidos</em>’. Abrí la puerta y pude ver que, en el cielo limpio del alba, el sol y la luna todavía se <em>seguían de lejos, se seguían mirando</em>. Mientras tanto, sobre las fachadas ocres y rojas de Venecia, se proyectaban las primeras sombras del día.<br />
Entorné los ojos. Esa luz me resultaba insoportable.</p>
<p>Borja López Cotelo</p>
<p><em>Notas:</em><br />
<sup>1</sup>FJELD, Per Olaf (2009): <em>Sverre Fehn. The pattern of thought</em>, Nueva York, The Monacelli Press, p. 54<br />
<sup>2</sup>FEHN, Sverre en NORBERG-SCHULZ, Ch. &amp; G. POSTIGLIONE [1997]2007. <em>Sverre Fehn. Opera Completa</em>. Milán, Mondadori Electa S.p.A., p. 276<br />
<sup>3</sup><em>Ibid</em>., p. 277<br />
<sup>4</sup>BORGES, J.L. (1998). <em>El tamaño de mi esperanza.</em> Madrid, Alianza Editorial. El libro fue escrito en 1926.<br />
<sup>5</sup>Eso dijo Carlo Scarpa a Sverre Fehn en un encuentro en Venecia, durante la construcción del pabellón nórdico en los Giardini di Castello. Ver FJELD, Per Olaf: <em>Op. cit</em>., p.64<br />
<sup>6</sup>Dogo es el título con el que, entre la dominación bizantina (s. VII) y la conquista napoleónica (1797), se distinguió al magistrado supremo y máximo dirigente de la República de Venecia. En el siglo XV, bajo el mandato de Francesco Foscari, la república se expandió por la península itálica.<br />
<sup>7</sup>Per Olaf Fjeld señala que Fehn había hecho esta afirmación en más de una ocasión; ver FJELD, Per Olaf: <em>Op. cit</em>. p.54<br />
<sup>8</sup>VV.AA. (1992). <em>Sverre Fehn: L’Architetto del Paese dalle Ombre Lunghe</em>. Nápoles, Fratelli Fiorentino.<br />
<sup>9</sup>Fjeld, P. O.(1983). <em>Sverre Fehn. The Thought of Construction</em>. Nueva York, Rizzoli International Publications Inc., p.112<br />
<sup>10</sup>Sverre Fehn en NORBERG-SCHULZ, Christian y POSTIGLIONE, Gennaro: <em>Op. cit</em>., p. 204<br />
<sup>11</sup>FJELD, Per Olaf (2009): Sverre Fehn. The pattern of thought, p. 54<br />
<sup>12</sup><em>Ibid</em>.<br />
<sup>13</sup>SCARPA, C. (1985). <em>Carlo Scarpa</em>. Barcelona, Gustavo Gili.<br />
<sup>14</sup>‘Cuando fue posible identificar el horizonte con una línea trazada sobre una hoja de papel, el misterio se<br />
disolvió de una vez por todas. La razón había domado lo irracional’, Sverre Fehn en FJELD, P. O.: <em>SverremFehn. The Thought of Construction</em>, p. 27. Uno de los ensayos incluidos en ese volumen que sintetiza gran parte de las ideas de Fehn, se titula ‘La pérdida del horizonte’.<br />
<sup>15</sup>Extremo sur de la isla de Tjøme, situada en el fiordo de Oslo, cuya traducción literal es ‘Fin del Mundo’. Podemos citar también el Finisterre gallego, o el Finistèrre francés…</p>
<p><em>Imágenes:</em><br />
Ilustraciones 1, 2, 4, 6 y 7: Dibujos de Sverre Fehn, de NORBERG-SCHULZ, Ch. &amp; G. POSTIGLIONE [1997]2007. <em>Sverre Fehn. Opera Completa.</em> Milán, Mondadori Electa S.p.A.<br />
Ilustración 3: Dibujo de Sverre Fehn, del Nasjonalmuseet for kunst, arkitektur og design<br />
Ilustraciones 5, 12 y 13: Dibujos de Sverre Fehn, de FJELD, P. O. (2009). <em>Sverre Fehn. The Pattern of Thought</em>. Nueva York, The Monacelli Press<br />
Ilustración 8: Dibujo de Carlo Scarpa, de SCARPA, C. (1985). Carlo Scarpa. Barcelona, Gustavo Gili<br />
Ilustraciones 9, 10 y 11: Dibujos de Borja López Cotelo</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Sverre Fehn</title>
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		<pubDate>Sun, 11 Mar 2012 19:28:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#8216;A algunos niños les encanta dibujar y a otros no, y yo estaba entre aquellos a los que les encantaba hacerlo. Siempre me ha interesado la pintura, y me gusta expresarme dibujando&#8230; El paso a la arquitectura vino por sí sólo&#8217;. Sverre Fehn, en Una autobiografía arquitectónica, 1992]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&#8216;A algunos niños les encanta dibujar y a otros no, y yo estaba entre aquellos a los que les encantaba hacerlo. Siempre me ha interesado la pintura, y me gusta expresarme dibujando&#8230; El paso a la arquitectura vino por sí sólo&#8217;.</p>
<p>Sverre Fehn, en <em>Una autobiografía arquitectónica</em>, 1992</p>
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		<title>Un día de 1958</title>
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		<pubDate>Tue, 14 Feb 2012 10:30:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El sol brillaba en el cielo de Bruselas abrasando a los visitantes de la explanada de Heysel. Sverre y Reima bebían, a pequeños sorbos, un café africano. Reima respiró hondo, pensó unos segundos, y dijo: -Según se aprende a imaginar con mayor y mayor concentración dejas de poder trabajar con objetos o esquemas prefabricados… Lo<br/><br/><h8><a href="http://lineasdetrabajo.com/un-dia-de-1958">Read the Rest...</a></h8>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El sol brillaba en el cielo de Bruselas abrasando a los visitantes de la explanada de Heysel. Sverre y Reima bebían, a pequeños sorbos, un café africano. Reima respiró hondo, pensó unos segundos, y dijo:<br />
-Según se aprende a imaginar con mayor y mayor concentración dejas de poder trabajar con objetos o esquemas prefabricados… Lo <em>realmente imaginable</em> es lo que <em>realmente necesito</em>. Presupongo que existe subjetivamente; al hacerlo, rompo con toda la tradición cultural europea, y usted podría decir que soy un chamán.[1]<br />
La cara de Sverre se contrajo en una mueca. En cierto modo, estaba de acuerdo con ese finlandés:<br />
-Las construcciones realizadas por los animales son racionalistas: precisas e inmutables, son siempre iguales cada día y cada año… &#8211; Tras un largo trago de café, añadió- El modo de pensar del hombre, en cambio, no es rígidamente racional y lógico; comprende chistes, mentiras, caprichos irracionales. Si la arquitectura es completamente racional, los hombres se convierten en animales.[2]</p>
<p><a href="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/02/ElectroSpark-02.jpg"><img class="alignnone size-large wp-image-1472" title="ElectroSpark 02" src="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/02/ElectroSpark-02-1024x698.jpg" alt="" width="368" height="251" /></a></p>
<p><a href="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/02/ElectroSpark-01.jpg"><img class="alignnone size-large wp-image-1471" title="ElectroSpark 01" src="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/02/ElectroSpark-01-1024x684.jpg" alt="" width="368" height="246" /></a></p>
<p>La conversación se interrumpió. Un niño disfrazado de cosmonauta llamó la atención de Reima y Sverre para preguntar dónde estaba el <em>Sputnik; </em>señalaron hacia el pabellón de la U.R.S.S. y durante unos segundos observaron cómo  se alejaba apresuradamente en aquella dirección. De fondo se escuchaba un partido en el que Garrincha se divertía con los defensas soviéticos. Pararlo no parecía tan sencillo como poner en órbita un satélite. Reima continuó:<br />
-El ritmo de mi lenguaje influye en las formas que dibujo, expresa mis trazos, delimita mis superficies. Las expresiones locales y el vocabulario regional son elementos de mi genuina manera de expresar la arquitectura… Pienso en mi idioma nativo, en finlandés. Hablo mientras trabajo, el ritmo y la entonación del finlandés gobiernan los movimientos de mi lápiz. ¿Dibujo en finlandés? [3]<br />
Sverre estalló en una carcajada. ¿Dibujaba él en noruego? Tras unos segundos, replicó:<br />
-Trabajamos con letras, con un alfabeto, escribimos una historia… Veo los materiales como las letras que utilizamos para escribir nuestros pensamientos poéticos.[4]</p>
<p><a href="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/02/rp-83.jpg"><img class="alignnone size-large wp-image-1473" title="rp 83" src="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/02/rp-83-1024x962.jpg" alt="" width="368" height="346" /></a></p>
<p>En ese momento pasaron frente a ellos dos hombres de pequeña estatura hablando un idioma que ni Reima ni Sverre conocían. Sólo acertaron a identificar la palabra <em>hexágono</em>. Sverre miró más allá; la gente se agolpaba en la puerta del pabellón francés. Era feliz mientras imaginaba que después irían a visitar su pabellón, o el de Reima. Quería disfrutar de esa mañana de verano porque intuía que su tristeza lo estaría esperando <em>siempre ahí… escondida, poniéndose guapa</em>.<br />
Sverre confesó:<br />
-Nunca me he considerado un moderno, aunque sin duda al principio absorbí el mundo antimonumental y pictórico de Le Corbusier. El funcionalismo descubrió un mundo nuevo, el de las aldeas de Grecia, Italia y el Norte de África&#8230;Y nosotros, nacidos a la sombra de la modernidad, fuimos a verlo con nuestros propios ojos [5].<br />
Agitado por esas palabras, Reima exclamó:<br />
-¿Acaso cada generación no tiene claros sus propios campos y los exprime al máximo antes de que desaparezcan? -Inquirió retórico- Claro que, por otra parte, esos rebeldes pioneros avanzaron ciegamente hasta el borde dejando tras ellos parte de los frutos para quienes venían detrás. ¡Ahí lo tienes! Empecé a pensarlo hace mucho tiempo, y sigo pensando lo mismo.[6] -Bebió el último trago de su café y prosiguió- La tradición moderna es un árbol, un tronco de la cultura. Tengo la hipótesis de que hasta ahora no hemos utilizado más que un 30% del tronco. Un 70% permanece latente.[7]<br />
Se hacía tarde. Reima se puso en pie y sacó una moneda. Mientras la apoyaba en la mesa, agregó:<br />
-¿Soportarán las obras maestras de la arquitectura la evaluación final de la historia? ¿Qué evaluación final? ¿Qué historia?’.[8] –Guardó su cartera y comenzó a caminar hacia la avenida principal.</p>
<p><a href="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/02/sf-51.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-1474" title="sf 51" src="http://lineasdetrabajo.com/wp-content/uploads/2012/02/sf-51.jpg" alt="" width="396" height="463" /></a></p>
<p>La radio emitía ahora un prolongado acorde eléctrico. Tal vez Muddy Waters. Sverre cerró con fuerza los ojos y levantó su rostro hacia el sol de mediodía.<br />
Entonces comenzó a recordar aquel invierno en Marruecos:<br />
-En África encontré un modo de construir muy sencillo- se dijo a sí mismo. &#8211; Allí, en el desierto, un cubo con una puertecita y a veces una ventana, tal vez una palmera al lado… y ya está. [9]</p>
<p>Borja López Cotelo</p>
<p><em>Notas</em>:<br />
[1] Reima Pietilä, en conversación con Kaisa Broner-Bauer. Ver VV.AA. (1995) ‘Price, Culot, Pietilä. De la pasión de la tierra’. <em>Revista Fisuras</em>, no.2, p.7<br />
[2] Extracto de una entrevista publicada en 1992 bajo el título de ‘Una autobiografía arquitectónica’, incluido en: NORBERG-SCHULZ, Ch. &amp; G. POSTIGLIONE [1997]2007. <em>Sverre Fehn. Opera Completa</em>. Milán, Mondadori Electa S.p.A., p.279<br />
[3]  Reima  Pietilä en ARTTO, A., R. CONNAH y otros (1985). <em>Pietilä. Intermediate zones in modern architecture</em>. Helsinki, Museum of Finish Architecture, p.9<br />
[4] VV.AA.: ‘Sverre Fehn. Above and Below the Horizon’. <em>a+u, Architecture and Urbanism</em>, no.340, p. 17<br />
[5] Extracto de una conversación entre Mathilde Petri y Sverre Fehn. Ver NORBERG-SCHULZ, Ch. &amp; G. POSTIGLIONE, <em>Op. cit</em>., p. 286.<br />
[6] R. Pietilä en JOHANSSON, E., K. PAATERO, T. TUOMI (2009).<em> Raili:Reima Pietilä. Un desafío a la arquitectura moderna. </em>Madrid, Fundación ICO, p. 20<br />
[7] <em>Ibid., </em>p. 70<br />
[8] R. Pietilä en ARTTO, A., R. CONNAH y otros: <em>Op. cit.</em>, p.24<br />
[9] Sverre Fehn en NORBERG-SCHULZ, Ch. &amp; G. POSTIGLIONE, <em>Op. cit</em>., p. 281</p>
<p><em>Imágenes</em>:<br />
1. Exposición Universal de Bruselas, vista general. Via Flickr, por <em>ElectroSpark</em><br />
<em></em>2. Exposición Universal de Bruselas, pabellón finlandés. Via Flickr, por <em>ElectroSpark</em><br />
2. Reima Pietilä, bocetos para la residencia presidencial de Finlandia <em>Mäntyniemi</em>, 1983<br />
3. Sverre Fehn, boceto de viaje a Marruecos (1951)</p>
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